Escuchar los susurros … y luego hacerles caso

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Escuchar los susurros … y luego hacerles caso2016-11-14T12:56:22+00:00

En los seminarios de TTouch ponemos énfasis en el concepto de Edie Jane Eaton de escuchar los susurros para que nuestros animales no tengan que gritar porque no les hacemos caso.  Recientemente he tenido la oportunidad de comprobar lo importante que es prestar atención a estos pequeños indicios.

Tengo la costumbre de hacer pequeños círculos a cada lado de la columna antes de empezar a peinar a Sasha y, al hacerlo, había notado que se sentaba cuando llegaba a la zona lumbar. Luego me di cuenta que cuando pasaba el peine sobre esa zona la piel se estremecía. También veía que la piel estaba seca y escamosa y Sasha se rascaba mucho cuando no había ningún motivo externo para ello.

La exploración manual TTouch también me daba señales. Notaba que había puntos de gran calor sobre la zona lumbar y las caderas y, al hacer los círculos con las patas, al llegar a cierto punto, la pata se encogía y luego tiraba hacia atrás. El otro susurro que me llegaba era que Sasha estaba cargando más la pata delantera izquierda.

Pueden parecer cosas insignificantes pero, como tenía la oportunidad de consultar con una veterinaria holística que practica la acupuntura, aproveché la ocasión.

La primera consulta reveló que existía desequilibrio de los meridianos de corazón e hígado: el corazón necesitaba fortalecerse y el hígado necesitaba atenuarse. Había exceso de calor y “viento” internos que a su vez producían una sequedad interna que daba lugar a la piel seca y escamosa y, talvez más importante, secaba el colágeno de las articulaciones que producía malestar en las caderas. Pudimos ver que la cadera derecha estaba más afectada, de ahí el hecho de que cargaba más sobre la pata delantera izquierda, la diagonalmente opuesta.  Estos desequilibrios también ejercían efecto sobre el estado emocional dando lugar a excitación excesiva.

El primer día se insertaron las agujas para fortalecer el corazón y se inició una dieta de “enfriamiento”.  Sasha comía muy poca comida seca, pero incluso ese poquito hubo que eliminarlo porque las comidas secas secan el organismo, y se especificaron los alimentos indicados para enfriar el cuerpo.

Para ayudar el proceso empecé a hacer levantamientos muy suaves de cadera utilizando una venda e incorporando un leve balanceo. Con el paso de los días noté que el radio de movimiento de las articulaciones era mayor y que era menos pronunciado el “tic” al hacer los circulos con las piernas.

A diario dediqué un tiempo para trabajar las orejas ya que, como sabemos, el cuerpo entero está reflejado en ellas.  Ponía mayor énfasis en la zona que corresponde al hígado.

En la segunda sesión se volvió a tratar el meridiano del corazón, pero ya se notaba una mayor tranquilidad emocional y una pequeña mejoría en las caderas. El picor también se había reducido, pero seguía lamiéndose sobre todo en la zona genital donde pasa el meridiano del hígado. En todo caso dormía mejor por la noche.

En la tercera sesión se pudo comprobar que el meridiano del corazón ya estaba equilibrado por lo que se pudo pasar a tratar el binomio hígado/bazo:  al estar el hígado demasiado fuerte, el bazo estaba más débil. La mejoría de las caderas era notable por lo que la veterinaria decidió que no sería necesario hacerle una radiografía.

Una de las cosas que recomendó fue hervir  patas de pollo para extraer el colágeno que le debería dar luego a Sasha.  Sin embargo, en este mundo de “embalajes” en que vivimos, no fue nada fácil conseguir patas de pollo porque ya los pollos llegan a las tiendas sin patas. Lo que parecía un ingrediente sencillo ¡resultó ser casi inalcanzable!

La lección importante que he sacado de esta experiencia es que efectivamente los susurros nos transmiten una información muy valiosa y certera sobre el estado físico y emocional de los animales y que no debemos pasarlos por alto.  Cierto que un veterinario “clásico” podría no otorgarles demasiada importancia a estos indicios o simplemente recetar antibióticos, corticoesteroides o cualquier otro fármaco, lo cual encubre los síntomas pero sin llegar al fondo.  Sin embargo, si podemos contar con la ayuda de un veterinario que incorpora en su praxis otros métodos como la medicina tradicional china o la homeopatía, tenemos una gran oportunidad de resolver situaciones incipientes antes de que lleguen a convertirse en problemas más serios.

Mary Rodríguez